La inflación en Estados Unidos mostró una leve desaceleración en julio, al situarse en 3,4% interanual, una décima menos que en junio, según informó el miércoles el Departamento de Trabajo. El dato mensual fue aún más moderado, con un incremento de apenas 0,1% entre junio y julio. La inflación subyacente —que excluye alimentos y energía— también bajó a 2,5%, igualando el mínimo posterior a la pandemia registrado antes del conflicto con Irán.
El abaratamiento de la gasolina explicó gran parte de esta moderación, aunque los precios del petróleo se mantienen altos y el combustible ya subió 16 centavos por galón en el último mes, hasta un promedio nacional de 4,04 dólares. Eso sugiere que la inflación general podría repuntar en agosto, según advierten los analistas.
Detrás del actual escenario inflacionario confluyen varios factores: los aranceles impuestos por el presidente Donald Trump la primavera pasada, el encarecimiento energético derivado de la guerra con Irán y el auge de la inversión en inteligencia artificial, que ha elevado los precios de los chips. A pesar de la leve mejora, los precios siguen subiendo más rápido que los salarios promedio, lo que mantiene la presión sobre los consumidores en rubros como comestibles, gasolina y atención médica.
La publicación de estas cifras refuerza la postura de los funcionarios de la Reserva Federal que abogan por mantener sin cambios la tasa de interés clave, actualmente en torno al 3,6%, a la espera de que los efectos temporales se diluyan por sí solos. No obstante, el banco central sigue profundamente dividido sobre los próximos pasos, en un contexto donde la inflación sigue siendo un tema central de cara a las elecciones intermedias
