Las imágenes cuentan mejor la historia de la debacle estadounidense en esta Copa del Mundo.
Christian Pulisic quedó tendido en el césped, quejándose por el dolor tras lastimarse un tobillo.
Matt Freeese se llevó las manos a la cabeza después de que un yerro incomprensible obsequió un gol a Bélgica.
Chris Richards se desplomó de bruces.
Mauricio Pochettino pateó un gabinete frente al banquillo, haciendo que volaran cuatro botellas de agua.
Las esperanzas estadounidenses de avanzar lejos en la ronda de eliminación directa del Mundial que coorganiza quedaron destrozadas el lunes, cuando Charles de Ketelaere aportó un doblete y una asistencia al triunfo de Bélgica por una goleada de 4-1 en los octavos de final.
Los Diablos Rojos desnudaron las deficiencias defensivas de los estadounidenses para instalarse en los cuartos de final. De paso, sucumbió el último coanfitrión de este Mundial que quedaba con vida, tras las eliminaciones de Canadá y México.
“No fue nuestro día”, reconoció el técnico Pochettino. “No se trata de poner excusas, porque no demostramos lo que este equipo normalmente es capaz de mostrar. Esa es la realidad”.