Aquí estoy,  tirado en un rincón, sobre el charco de pipí que yo mismo eh provocado  y que estás cansado de limpiar, las moscas sobrevuelan mi comida desde ayer que la pusiste en el plato, es que ya no tengo hambre ni ganas de levantarme, estoy todo el día echado y casi sin moverme, me siento cansado, aunque no hago nada igual estoy cansado, no sé pero siento que me pesan los huesos, estoy tan flaco que tan sólo el cuero me sostiene, pero por sobre todo estoy triste, pero no tanto por mí que me veo así como un trapo viejo, no, más que nada por ti, sabes, que ya no me prestas atención y que veo que cada vez te molesto más, yo sé que es incomoda mi presencia ahora en la casa, que ya ni las pulgas me  quieren, pero ¿Qué puedo hacer? Son muchos años que estamos juntos y sabes que desde siempre te serví como a mi dueño, más que eso todavía, fui tu amigo, a ti te veo mal, te noto taciturno, la indecisión ronda tú cabeza, y yo sé de qué se trata,  un amigo te lo dijo el otro día.

–          Así no pueden seguir, hazme caso, sacrifícalo, es la única solución, o ¿Te gusta verlo sufrir?

Yo sé que ese amigo tuyo no tuvo mala intención, pero, por favor no lo hagas, no,  no quiero que me maten, viejo y flaco como estoy, a mí me gusta la vida, piensa en otra cosa, busca otra alternativa, yo quiero seguir luchando, no te entregues todavía.

Y si ya no hubiera más remedio, si por más que quisieras no encontraras algo que me alivie la vida, entonces, déjame morir en paz, cuando llegue mi día.

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